EL MONASTICISMO. VISIÓN DE UN PAGANO

 

 

Y al avanzar surge del mar Capraria,

escuálida isla, llena de hombres que huyen de la luz

y que con palabra griega se llaman a sí mismos monjes,

porque quieren vivir solos, sin que nadie los observe.

¿Quién, para sustraerse del sufrimiento, elegiría una vida de sufrimiento?

¿Qué locura de un cerebro enfermo es ésta

que, temiendo los males no es capaz de tolerar los bienes?

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Dejo aquellos peñascos, recuerdos de recientes dolores.

Allí perdí, como sepultado vivo, a un conciudadano.

Ayer todavía era uno de los nuestros, joven, de noble alcurnia,

distinguido igual por su fortuna que por su noble consorte.

Arrastrado por las Furias, abandonó a los hombres y a los dioses

y, supersticioso, prefiere el destierro en un sórdido escondrijo.

El infeliz cree que la inmundicia alimenta inspiraciones divinas,

y se castiga, él mismo, más severamente que los bienaventurados dioses.

Ahora pregunto, ¿no es esta secta peor que la ponzoña de Circe?

Entonces sólo se cambiaron los cuerpos, ahora se cambian los ánimos.

 

 

Rutilio Namatiano, El Retorno, vv. 439-453, p. 64 y vv. 517-528, p. 68, Trad. de A. García, Gredos, Madrid, 2002. Tb. las siguientes versiones: Rutilio C. Namatiano, De Reditu Suo, I, 439-446, trad. ingl. de G.F. Savage-Armstrong (Londres, 1947), cit. en: Toynbee, A., Estudio de la Historia, Comp. de D. C. Somervell, trad. de L. A. Bixio, Alianza, 5ª ed., 1981 (1946; 1933), Madrid, vol. 2, p. 402. Tb. cit. en: Huber, S., Cartas Selectas de San Jerónimo, Trad. de S. Huber, Ed. Guadalupe, 1945, Bs. Aires, p. 123, n.12.